Hay canciones, muchas. Unas te hacen reír, te animan. Bailas con ellas, cantas, te diviertes, sonríes, disfrutas. Sí, existen para hacerlas vivir. Transformarlas desde un par de letras hasta un sueño que tiene ganas de ser cumplido. Te cambian, hacen de un día basado en estar encerrado en tu casa, uno que quiere salir a la calle y gritar. Gritar al viento, gritar a todos, bailar con tus amigos y cantar hasta que la garganta no pueda más. Son bonitas, puede ser, aunque la mayoría no tenga sentido. Porque es bonito hablar sin sentido, sin saber qué pretendes decir. Nadie te entiende, ni tú mismo sabes qué quieres decir. Y te ríes, de tus palabras, de lo que dices. Te ríes de ti. Te ríes de la vida, te ríes de todo. Y luego vuelves al mundo real, cansada, con la garganta a cien por hora. Te acuestas, FELIZ por esas horas que no han sido gran cosa, pero que han conseguido llenar cada momento. Y descansas, cierras los ojos; mañana otra canción distinta te despertará.
Luego, existe otro grupo. Es grande, y las escuchas a menudo.
- Canciones, al fin y al cabo son canciones. Cada una con un ritmo distinto, una letra diferente. Pero acaban siendo lo mismo – se piensa, en ocasiones.
Pero sabes que no, que cada una aguarda un secreto, una historia diferente. La de alguien a quien no conoces, la de un amigo, la tuya. Sí, esas son las peores. Es tu historia, tu canción. Da igual que se base en un final aparentemente feliz o uno que no quieres recordar. Al fin y al cabo, ese final retumbará en tu mente cada vez que enciendas tu Mp3 o Ipod. Le darás a play y comenzarás a vivir ese cuento que intentaste dejar olvidado hace mucho. Te tumbas en tu cama, y escuchas atentamente palabra a palabra. Inglés, francés, español… qué más da. Sabes lo que significa, y te recuerda perfectamente todo lo que pasaste. Ahora no lo tienes. Ahora no le tienes, y es triste ver que sólo con el aparato que sostienes con tus manos podrás volver a aquel sueño del que te hubiera gustado no despertar. Da pena, lloras, piensas, reflexionas. Y quieres volver al pasado. Haber cambiado una palabra, un gesto o un beso de lugar. Cualquier cosa, hubieras movido todo con tal de no vivir ese final. Pero ya es tarde. En la vida real no se le puede dar a rebobinar y volver al principio. No, esa magia solos se deja en las canciones.
Acaba la canción y vuelves a darle al principio. Ríes, con lágrimas en los ojos, recordando esos buenos momentos. Sí, felices. Pero pasa la canción, y los engaños vienen a ser parte del nudo. Ves como se enreda todo, y te sientes impotente al saber que no puedes hacer nada. Y luego el final. Triste final. Otra vez, de nuevo. Acaba, y le vuelves a dar al principio. Y así, repetidas veces.
- Basta – piensas-. ¿ Para qué hacerse daño conscientemente? Es una canción, al fin y al cabo.
Tiras tu Ipod al suelo y sales de tu habitación. E intentas reanudar tu vida y volver al principio de una nueva historia. Crearás otra canción, con otro ritmo, otra letra, otro final. Sonará diferente, te gustará más o menos, pero solo pasando de canción podrás aspirar a cambiarlo todo.
angelus!
No hay comentarios:
Publicar un comentario