Sientes que no puedes más, que te derrumbas, que no hay nadie que pueda ayudarte a levantarte. Sientes que ya nada tiene sentido, que el mundo se te viene encima. Sientes que nada ha valido la pena, que tanto tiempo de lucha por mejorar lo aparentemente inmejorable, ha sido en vano. Sientes que ya nada te importa, que ya a nada le importas. No importas. No haces falta. Sobras. Así de fácil. Sientes que podrías desaparecer y que en cuestión de días, o de menos, todo volvería a la normalidad.
Sientes tus lágrimas, que bajan en carrera para huir de tus ojos. Sientes tus gritos, que aprietan tu corazón fuerte, con rabia. Sientes tu enfado, tus ganas por terminar con todo, que se va haciendo más y más grande a medida que van pasando los segundos y vas recordando todo lo que ha pasado. Sientes…que duele. Y no sabes qué hacer, cómo actuar; ya se te han acabado los métodos para ser feliz. Ya no encuentras la forma de vivir con sentido.
Entonces, en esos momentos, es cuando acabas por dejar de sentir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario